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Soledad.
La puerta se abrió y ella estaba ahí, sentada frente al televisor. Sin otra cosa encima que mi playera preferida. Se veía notablemente triste, tan bella como siempre pero triste. Había estado esperando largo tiempo y la olvidé sin querer. Demasiada vida en el trabajo como para poder llamarla vida y tan poco tiempo para vivirlo a su lado.
Quizá estaba tan empeñado en que se sintiera orgullosa de mí que dejé poco a poco los detalles hasta llevarla al hastío. Quizá se aburrió de nuestra charla obligada acerca del día a día o quizá, quizá. Me senté a su lado pasando mi mano por su hombro y metiéndola dentro de su pecho, ella me miró correspondiendo dicho acto con una ligera sonrisa. Sin decirnos nada pasamos los siguientes minutos en silencio. Ambos comprendimos que era la última noche que estaríamos juntos y estábamos tristes por ello.
Muy pronto, cuando aceptamos el hecho, nos fundimos. Primero con los labios y luego con el resto de nuestros cuerpos. A la mañana siguiente, la cama vacía nuevamente de amor y vacía de deseo estaba llena de nostalgia. Mientras que el agua en la regadera del baño me hacía saber que no era un sueño, que no fuiste un sueño y que estabas preparándote para salir a seguir tu vida lejos de la mía. De pronto, la puerta del cuarto se abre y tú no te fuiste, regresas, me das un beso, dejas caer la toalla y te recuestas desnuda sobre mí para siempre. Estás muy fría, temblando, te extraño menos que hace un rato. Haces que mi corazón se detenga, cierro los ojos, me entrego a ti y te doy la bienvenida.
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Ven.
De saber que vienes prepararía un té, tibio, casi frío. Pero no tanto como para no alcanzar a calentar tiernamente tu cuello y el mío. Porque sé que no te agrada el café, ni mucho menos quemarte la lengua. Peor si te duele al darme un beso, y eso es a mí a quien le incomoda.
De saber que vienes ya no me iría. Esperaría pacientemente tu regreso, almidonando el espacio vacío que hay en la cama y que noche a noche es más difícil de llenar. Ventilaría la recámara y en una de esas puedo hasta tirar la comida hongueada que habita en el refrigerador.
De saber que vienes, mi amor, no habría pasado. Sería el presente el que nos cobijaría en invierno. Serían la fe y la esperanza, sincronizadas, quienes soñadoras nos acompañaran a cenar bajo la luz azul e intermitente del televisor, que nadie ve y que ninguno de los dos escucha. A menos que sea la tanda comercial tuya o mía.
De saber que vienes, yo también vendría. Porque, sabes, no sé en dónde he estado ni en dónde estoy. Porque a partir de tu partida quedé partido. Porque sin duda el olvido no ha venido. Y porque en casa todo lo que queda está perdido. De saber que vienes, dejaría abierto. Abierto el corazón y abierto el recuerdo. Pero aunque sé que no vendrás, incluso sabiendo cómo llegar y teniendo llaves, yo estaré esperando. -
A la orilla.
-Ven, por acá el agua es más profunda. Le dije preocupado al verla tan cerca del malecón. Si bien era cierto que no estábamos ahí por hambre, no era un lugar seguro para ambos. -¡No! Déjame aquí, quiero estar sola. Vete tú, regresa si así lo quieres. Vuelve a esa vida rutinaria y sin sentido. A mí déjame seguir mirando. Le contestó la joven y bella tiburón blanco que celebraba su onomástico. A mi parecer, hacia donde apuntaba su mirada no había más que un grupo de seres humanos recostados sobre la arena tibia en trapos. No había forma de mirarlos sin que se me hiciera agua el hocico con todo y mis seis hileras de dientes. Esa debiera ser la razón por la cual ella estaba ahí. Seguro se imaginaba un gran festín en donde lentamente les iría arrancando a pedazos los más deliciosos bocados de carne y sangre. -Vámonos ya, se hace tarde. Le dije mientras me acerqué a ella para rozarla tiernamente con mi nariz. Ya habíamos estado ahí por un buen rato. Ella con su risa eterna me miró y dijo: -¿No son hermosos? -¡Y deliciosos! Contesté. Ella rompió en llanto. Creo que la herí tanto con mi comentario que sentí cómo se ahogaba por dentro. No lo entendí en ese momento.
Pronto empezó a oscurecer y la luna atrajo la marea. Eso permitió acercarnos peligrosamente hacia la orilla. Observé que eso a ella le devolvió la sonrisa y la luz que había en su mirada, como cuando la conocí. Me habría gustado que hubiera sido por mí que vivía fielmente a su lado, acompañándola desde hace poco más de cuatro años a ese sitio día tras día hasta que se ponía el sol. Luego volvíamos. Pero ella seguía empeñada en volver al día siguiente al mismo lugar. Y yo ahí, mirándola.
Cuando llegó la hora de volver, tenía una expresión escalofriante en su rostro. Comenzamos nuestro regreso a mar abierto, despacio, mientras en la orilla la gente se levantaba para irse. De pronto, ella se dio la vuelta y nadó rápidamente en dirección a ellos. Se sumergió hasta donde pudo, lo suficiente para no rozar la arena con su panza. Logró enseguida una velocidad impresionante que me impidió alcanzarla. Detenerla. No entendí sino hasta mucho tiempo después por qué lo hizo. Cuando ya no pudo seguir por el agua en su camino hacia la orilla, dio un gran salto que detuvo el tiempo. Salió disparada con tanta fuerza que logró llegar hasta donde la arena terminaba. La vi partir. Y desde entonces vengo día con día a este lugar para esperar a que regrese, me tome de la aleta y me cuente lo que hay allá afuera.
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Llueve afuera.
Mira, llueve afuera.
Qué curioso, también adentro.
Llueve un cielo, así tan intranquilo,
llueve el mar, llueve el sol, llueve mi centro.Y así, partido en dos,
en agua, en fuego,
vuelve a llover tu ser
sobre mi cuerpo.Lluéveme más, por favor yo te lo ruego,
que entre la luz tu lluvia se vuelve arcoiris de misterio;
lluéveme más, que el cristal con que protejo mi tierra estéril
está cayendo.Mientras tanto llueve afuera, llueve adentro.
Yo con miedo, cierro la puerta y abro el deseo.
Deseo que llueva, que llueva afuera y no aquí adentro.
Tú en tu nube y yo en mi lecho.Lluéveme más, que estoy despierto.
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Lástima o lastima.
El caso ‘Scrabble’ es terrible, por dos circunstancias:
La primera y más importante es que nos dé alegría la desgracia ajena. Que ahora sí todos critiquemos fuertemente una pieza mexicana que había ganado un GP en Cannes (sea cual sea la agencia), y que lo hagamos ya que fue descalificada. Esa para mí es de las cosas más penosas que nos pueden pasar como seres humanos, como compañeros de profesión y como mexicanos.
La segunda, es el hecho de poner en duda al Festival, porque de un año a otro una pieza de lista larga se vuelve GP y con eso se demuestra lo voluble, impredecible y azaroso que es ganar, siendo que sólo el buen trabajo y la creatividad deberían ser el tema central.
Es una lástima que justo cuando fuimos sacudidos por una crisis mundial en donde no cabían las piezas “para creativos” y se sentía un verdadero avance al respecto, justo cuando se celebró con mucha alegría (al menos yo lo hice), el GP de la campaña de ‘Wrangler’ por volver a lo básico, dicho “Festival” nos robe dos años, premiando y luego descalificando (por el motivo que sea), una campaña en donde el ‘Target’ somos sólo nosotros, “Los Publicistas”.
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Otra más de “El Universal”.
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URGE EDITOR DE TWITTER.
Seguimos con la vacante.
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A la creatividad sin estrategia se le llama arte. A la creatividad con estrategia se le llama publicidad.
– J. L. Richard. -
URGE EDITOR DE TWITTER.
Seguimos con la vacante abierta.
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URGE EDITOR DE TWITTER.
Bueno, creo que ya tenemos ocupada la vacante, el problema es que es de esos adolescentes que contraen las palabras.
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aleharo asked: Tienes cara de pepino?
Definitivamente, sí. Me puedes mirar rayado, con chile y limón, entero o en pedacitos.
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Lo mejor que te puede pasar, al despertar, es que todo de lo que soñaste sea real.
– http://www.eltrips.tumblr.com -
La primera presentación jamás se olvida. →
